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Final de este blog y bienvenida al nuevo!

    El momento ha llegado. Me ha llevado más tiempo del que planeaba, pero hoy finalmente he lanzado mi nueva página web :  WWW.NICOLASMARINO.COM   Este blog, y su mayormente pésimo servicio de Google, llega a su fin  para dar paso al blog en mi nueva web. Allí encontrarán todo lo que he escrito aquí hasta ahora y todo lo que seguirá. Pero no será sólo un blog. La página incluye mi galería fotográfica, historias del mundo, artículos de interés, guías de referencia y mucho más.  Los espero a todos allí para continuar con más aventuras !   WWW.NICOLASMARINO.COM

¿Por qué no escribo?

Ya finalmente instalado en Perth, Western Australia, y con cierta estabilidad, es momento de cambios. Es hora de integrar absolutamente mi web con mi blog y sumarle mucho más contenido. Historias, artículos especiales, e imágenes de más de 20 años viajando por el mundo encontrarán comunión en un solo lugar, en Español y en Inglés.  Transferiré todo el material de aquí al nuevo blog y continuaré escribiendo lo nuevo ya desde la nueva plataforma. Es hora de sumergirlos en una experiencia visual y narrativa más atrapante e intensa.                                NO ME ABANDONEN, LA ESPERA VALDRA LA PENA.

Paz al fin

Uno de los días más aterradores de mi vida, parte de algunos de los días más extremos que he experimentado viajando, ha quedado finalmente atrás. Ahora miro a mi alrededor, en mi primer día de descanso en muchísimo tiempo y la fascinación me excede. Estoy navegando el magnífico río Sangha atravesando el corazón de la selva ecuatorial de Africa central en una pequeñita lancha con motor fuera de borda. Avanzamos trazando un surco entre tres países, Congo, Camerún y República Centroafricana, dejando una raja en el agua que parece romper un espejo perfecto. Dejo que el viento, incrementado por la velocidad, acaricie mi cara y alivie el castigo del sol tropical mientras miro al cielo, respiro hondo la humedad con sabor a selva y no puedo creer lo lejos que he llegado. Estoy navegando por el medio de la selva.

El día después

5.45 A.M. Abro los ojos. Dormí 2 horas y sufrí el resto. Las finas paredes de mi carpa dejan traslucir la primera luz del día. La selva está tranquila, los elefantes ya no están y muchos insectos ya se fueron a dormir cediendo el canto a los pájaros diurnos que ya comienzan a despertar. Cuando abro el cierre, veo finalmente el infierno en el que me encuentro. Como ya imaginaba, era la peor situación posible, la del barro no tan húmedo como para licuarse, pero lo suficiente como para volverse blando y espeso. Al salir de la carpa, miro a mi alrededor y soy consciente de que no sólo no iba a llegar a mi destino durante la noche, sino de que nunca podré llegar ni siquiera durante el día, al menos no rodando con la bici. Es hora de ponerme a pensar en alternativas.

Atrapado en la noche

No fue el gran inconveniente de perder más de una hora valiosa de luz lo peor que me dejó el episodio desafortunado que acababa de atravesar, sino el horrible sabor amargo que me quedó adentro. Años de viajar por el mundo recibiendo una y otra vez afecto, protección y hospitalidad, especialmente en África, hacen que uno baje la guardia y sus defensas. Por eso, cuando ocasionalmente algo feo ocurre, la decepción se vuelve mucho más intensa.   Ahora, en estas condiciones, ya efectivamente sobre el final del día, me encuentro fuera de la aldea y de vuelta en la boca de la selva. Con la luz tenue de la poca claridad restante, contemplo el camino que tengo por delante teñido ahora por los fríos azules del crepúsculo. No siento verdadera inquietud. Al fin y al cabo, los 132 km que había hecho para llegar hasta allí habían sido espléndidos y ahora me quedaban nada más que 32 km por pedalear. En e se momento, t an sólo podía suponer que el camino continuaría en la misma ...

Cuando no todo sale bien

 Uno de los días más excepcionales de mi vida entera estaba llegando a su fin. Ese tipo de días que son magníficos porque ofrecen todo lo que uno se imagina pero, aún más importante,  todo lo que uno jamás hubiera podido imaginar. Cuando el mundo supera todas tus expectativas, lo que deviene es la plenitud, y en ese estado, con una sonrisa dibujada de oreja a oreja, llego al único y último pueblo selva adentro, antes de la base de WCS  hacia donde me dirijo. Tengo entendido que es aquí donde debo sellar mi pasaporte para dejar el país al día siguiente.  Todo parece tranquilo en este pequeño y remoto pueblo de pigmeos y bantúes a orillas del Sangha, donde es imposible distinguir una choza de un posible puesto de migraciones. Hasta allí, llegaré empujando la bicicleta por senderos de barro descendiendo al río, guiado por un pigmeo simpático que entendió hacia dónde tenía que ir . U na vez allí, lo que usualmente debería ser una sencilla formalidad, se transformó en ...

Tierra de encuentros

Luego de períodos de tanta intensidad, día tras día manejando niveles de adrenalina tan altos, la llegada a trayectos más fáciles no sólo es bienvenida sino que se vuelve una necesidad. Para cuando llegué a Etoumbi, había pasado algunas de las semanas más extremas en toda mi vida de viajar por el mundo. Estaba feliz pero exhausto, por eso recibí con alegría el reencuentro con el asfalto. Durante aquellos días fáciles que le siguieron a "la guerra" , mirando en retrospectiva a las últimas semanas, me era difícil imaginar la posibilidad de estrechos aún más emocionantes que los que recién acababa de pasar. Pero mi travesía por la selva lejos estaba de terminar. En todo caso, recién había comenzado, y la aventura que ella tenía guardada para mí en las semanas por venir me llevaría a atravesar experiencias que pondrían a prueba una vez más, todas y cada una de mis capacidades (y limitaciones)

-Ça c'est la guerre! (eso es la guerra) Parte 2

Llegué a Olloba con la intención de descansar pero la bicicleta estaba hecha trizas, y yo también.  Luego de algunas horas de estar tirado boca arriba en un colchón sin ratones, apenas podía sentir los músculos . A pesar de ello, no me quedó otra que levantarme para trabajar en ella el resto del día si es que es pera ba lograr salir de allí algún día . Afortunadamente contaba con la compañía de los aldeanos qu ienes , curiosos por lo inusual de mi presencia, hacían lo que podían para ayudarme. Los bloques de barro se habían secado, las ruedas ya no giraban, los cambios no funcionaban y los frenos estaban totalmente atascados, debía poner a punto la bici para poder se guir .  Mi tarea de mecánico se ext iende hasta ya entrada la noche, cuando un generador el éctr ico rugía alimentando l os parlantes y las lucecitas de colores del único bar de la aldea. Era martes, Jean había finalmente llegado con el nuevo cargamento de cervezas ( au nque sospecho q ue se beb...

-Ça c'est la guerre! (eso es la guerra) - Parte 1

   Me llevó dos semanas duras a través de la selva hacer los 550 km hasta el último pueblo en el noreste de Gabón y allí, en Mekambo, lo más fácil había terminado. Llegaba con la intención de volver a cruzar al Congo pero sin tener certeza alguna sobre si eso sería posible. Por consiguiente, mi primera tarea en el pueblo era averiguarlo. Durante la primera hora preguntando a la gente local, no sólo nadie sabía si era posible, sino que la mayoría ni siquiera parecía tener noción de que el Congo está a menos de una centena de kilómetros de allí.  Justo cuando comenzaba a preocuparme, me encontré con 3 mototaxistas que con total seguridad me dijeron:  "claro que se puede, es por allí!" señaló uno. En tanto que otro agregó: "pero....¿es que tú piensas ir con eso?" - dijo dubitativo mirando la bicicleta. -No conozco otro medio- le respondí sonriendo. Finalmente pregunté para corroborar -¿y dónde me sellan el pasaporte?. -Eso es aquí mismo a 200 m- respondió ...

Antes de la guerra

      No importa cuánto uno intente prepararse para afrontar imprevistos, nunca es posible prevenirlo todo. Ya habían pasado casi 10.000 km desde que había salido de Ciudad del Cabo y cargaba desde allí con 10 kg extra en repuestos. Por mucho que me pesara, era inevitable porque sabía que hasta Europa no podría encontrar nada de calidad en caso de roturas, por lo que cualquier problema podría fácilmente devenir en pesadilla.  De todos modos, como es habitual, la Ley de Murphy prueba ser infalible y siempre se rompe algo al margen de todo lo que uno puede reemplazar . En este caso, luego de días pedaleando a puro golpes antes de Mako kou , noté que mitad del porta-alforjas delantero quedó suelto en el aire. Me había pasado muchas veces que por esfuerzo de corte, debido a impacto y peso, los tornillos se cortaran, pero esta vez lo que se había cortado no era el tornillo sino la pieza de sujeción unida a la horquilla.

La selva

Sabía poco y nada de Gabón antes de cruzar la frontera, y es quizás por eso que llegaba allí con tanto interés. Desde muy pequeño, en mi hábito de quedarme hipnotizado varias horas mirando los mapamundis, muchos países me despertaban curiosidad tan sólo por cómo sonaba su nombre. Gabón, por algún motivo que no podría explicar, era uno de ellos. Me gustaba decir: "Gabón", me quiero ir a: "Gabón", y porque curioso no se hace, se nace ¿a dónde llegaba finalmente ahora, a mis 37 años? - Por supuesto, a Gabón. 

Una panadería en Ondingui

    Ya estaba a tan sólo 160 km de la frontera con Gabón. Aún seguía en la sabana ecuatorial sufriendo cada día más el calor abrasador aliado a la pegajosa humedad tropical y sin tener lugar dónde refugiarme. Habían pasado ya m ás de 800 km desde que había salido de Brazzaville y la llegada a la selva se me hacía cada vez más larg a . Podría haber optado por un camino más corto y probablemente más entretenido, pero no había decidido venir por acá arbitrariamente sino por elección deliberada. Tenía una tarea por completar antes de entrar a Gabón. 

Sanación espiritual

    Dentro de la gran cantidad de cosas que me motivan a viajar por el mundo, hay una que persigo con particular interés y es quizás la que más fascinación me provoca: las diferentes manifestaciones de espiritualidad en los seres humanos. Como consecuencia directa del colonialismo, en las regiones no islámicas de Africa, como en occidente, es también el domingo el día en el que mayormente se celebran los rituales religiosos. Es un día que disfruto mucho porque el andar de mis mañanas está generalmente acompañado por el canto comunal que brota del interior de las pequeñas iglesias y parroquias de las aldeas que atravieso.

El cálido espíritu congoleño

Han pasado nuevamente 3 semanas de estar detenido, pero finalmente la espera ha acabado y la burocracia también (al menos por el momento). Estos últimos dos meses de paradas larga s pasaron lento pero lo cierto es que han sido necesari a s. En la primera, en Luanda, me he ganado un hermoso puñado de grandes amigos; en la segunda, en Cabinda, me he rencontrado felizmente con la magia, si bien temporal, de una pasión ardiente; y en esta última parada en Brazzaville, aunque ya muy cerca del aburrimiento , he descansado y engordado. Lo importante es que he podido recuperar mis fuerzas, porque de ahora en adelante no habrá más descansos y necesitaré hacer uso de cada partícula de energía para enfrentar la aventura que planeo para los próximos meses.

El país que no debió ser

Mi estadía en Brazzaville sería la última antes de dejar por mucho tiempo, un mundo con un mínimo nivel de confort. Es por eso que sin quererlo debí pasar tres semanas necesarias haciendo base en esta capital . No es cosa fácil, porque ya no es sorpresa para mí , que como toda capital africana no tenga nada de bonita ni nada de interesante. Allí me tuve que concentrar principalmente en sortear (y batallar) las peores burocracias de los países de esta mitad occidental de Africa, para poder seguir adelante con mi ambicioso plan para cruzar la selva ecuatorial. 

El Congo que no esperaba

Congo, el Congo. Creo que no existe aventurero de verdad en cuya cabeza, este nombre no resuene hasta el punto de llegar a quitarle el sueño. Tanto en las fantasías de uno como en la realidad, el Congo evoca imágenes de misterio, de intriga; de un mundo que ha permanecido impenetrable por siglos y que otrora, ha castigado con la muerte a muchos de aquellos primeros exploradores que a lo largo del tiempo han osado atravesarlo. El Congo, divido políticamente en dos, la República del Congo y la República Democrática del Congo (ex-Zaire y que sólo en el nombre del cinismo puede ser llamada democrática ), es el pulmón de Africa, una porción enorme de ese manchón verde oscuro en el mapa del continente negro, la selva ecuatorial. Allí llegaba luego de años de haberlo soñado, con mi mente y mi cuerpo listos finalmente para entregarse a una aventura única en la vida. Pero la llegada no sería tan directa, primero me tocaría conocer un costado del Congo que no era el que yo esperaba.

Adiós amigo......

Hace poco más de un año llegaba a la costa del Indico en Mozambique. Allí, en ese increíble paraíso solitario, rodeado de una belleza sin nombre, me detuve a contemplar y tratar de absorber tanta belleza en un momento difícil de mi vida. No había absolutamente nadie alrededor en ese eterno estrecho de "harina" blanca y mar turquesa cristalino, hasta que detrás de las palmeras, apareció una silueta. Al dirigirse hacia a mí, avanzando despacito sobre la arena, la imagen de una gran sonrisa fue tomando forma y los pelos revueltos y una lata de cerveza en la mano a las 10 am bajo pleno sol tropical, terminaron de conformar la primera imagen que tendría de Albé. 

Angola de mi corazón

Si han llegado hasta aquí luego de leer todas las historias de Angola, o si comienzan por aquí, ya lo saben y no será ningún misterio: Angola ha alcanzado mi galardón personal máximo, el de haberse ganado mi corazón. Por lo tanto ocupa ya un lugar entre mis países favoritos del mundo y ciertamente a la cabeza de Africa.   Lo único negativo de Angola será probablemente pasar por la tortura de conseguir el visado, pero luego de los dos magníficos meses que pasé en el país, hoy miro hacia atrás y debo reconocer que una parte importante de la magia de Angola se debe a la virtual ausencia absoluta de turismo, y por consiguiente, la gran recompensa de obtener la visa, es tener el país prácticamente para uno solo. Así como sus estúpidas regulaciones de visado y los perros rabiosos que tienen de personal diplomático ponen todo su esmero para que no entres en el país, también desmotivan rápidamente a la peor calidad de turistas, aquellos que llegan para poluir una cultura en vez...

Un ángel en Cabinda

   Cabinda es una peca de Angola encerrada entre el la República del Congo y la R.D.Congo. Quedó separada del país cuando por un tratado, Angola le cedió una estrecha franja a la R.D Congo para que tuviera salida al mar, a cambio de una concesión de tierras que esta última le daría a Angola al otro lado del país. En la aislada Cabinda no hay nada más que petróleo explotado por las grandes corporaciones petroleras, pobreza y la selva de Mayombé.  En mi primer, y originalmente único día que pasaría en esta peca, un inesperado mensaje me llegó por Facebook. Era de una doctora argentina que por contactos de contactos se enteró que yo era un argentino que viajaba en bicicleta y que ahora mismo estaba cruzando Angola, país al que ella se había mudado hacía tan sólo 3 semanas, y era precisamente a Cabinda donde se había ido a vivir. Me contactó para ofrecerme cualquier cosa que necesitara , así que e sa misma noche conocí a Sil en su nueva casa , como tamb...

Reconfigurando el plan

Los períodos de descanso en un viaje de muchos años son necesarios, pero más descanso del necesario puede también resultar contra productivo. Comenzar a rodar de vuelta luego de vivir 3 semanas en Luanda, entre amigos, eventos y salidas, requirió de un gran esfuerzo. Por un lado, el aspecto físico es incómodo, volver a usar los músculos después de tanto tiempo de inactividad es como intentar hacer andar a un engranaje oxidado. Por el otro, incluso para quienes tenemos naturaleza de nómadas, se nos hace difícil volver al ejercicio de soltar, soltar a todas aquellas nuevas amistades y personas especiales que hemos sumado a nuestra vida y con quienes hemos sembrado un nuevo vínculo.