Mucho más que las imágenes idílicas de siluetas de camellos, andando lentamente en caravana por las onduladas dunas doradas al atardecer, el Sahara es para muchos, el lugar a dónde se viene a ganarse la vida. En este vasto inhóspito océano de arena, el calor abrasivo, la crudeza del viento y la crueldad del sol, hacen impensable que pueda ser posible encontrar un medio para ganarse el sustento. Sin embargo, desde el inicio de los tiempos, el Sahara le ha regalado a la humanidad su metal más anhelado: el oro. Ese brillo dorado que desde el antiguo Egipto hasta la China del siglo XXI ha enceguecido al mundo entero, lleva a millones de personas a movilizarse en busca de él donde quiera que se encuentre .
Andando por los caminos del mundo