Desde que llegamos a Filipinas, nos llamaron la atención muchas cosas, y casi siempre sin excepción, fueron cosas buenas. Entre tantas cosas buenas, un de mis predilectas fue la apatía filipina por el fútbol. Para mí, que aborrezco dicho deporte, es algo liberador no tener que escuchar “Maradona”, o en estos tiempos, “Messi”, cada vez que digo “Argentina”, y para Julia siendo de Barcelona es algo parecido. En Filipinas, por el contrario, el paraíso existe porque el fútbol es irrelevante. Sin embargo, al haber sido espectador del “deporte” que toma el lugar del fútbol en este país, el “deporte” prácticamente nacional, creo que por primera vez en mi vida aprecié el patear una pelota de un lado para el otro, y lo hubiera preferido ante esta monstruosidad.
Andando por los caminos del mundo