Los períodos de descanso en un viaje de muchos años son necesarios, pero más descanso del necesario puede también resultar contra productivo. Comenzar a rodar de vuelta luego de vivir 3 semanas en Luanda, entre amigos, eventos y salidas, requirió de un gran esfuerzo. Por un lado, el aspecto físico es incómodo, volver a usar los músculos después de tanto tiempo de inactividad es como intentar hacer andar a un engranaje oxidado. Por el otro, incluso para quienes tenemos naturaleza de nómadas, se nos hace difícil volver al ejercicio de soltar, soltar a todas aquellas nuevas amistades y personas especiales que hemos sumado a nuestra vida y con quienes hemos sembrado un nuevo vínculo.
Andando por los caminos del mundo