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Mostrando las entradas con la etiqueta bicicleta

Paz al fin

Uno de los días más aterradores de mi vida, parte de algunos de los días más extremos que he experimentado viajando, ha quedado finalmente atrás. Ahora miro a mi alrededor, en mi primer día de descanso en muchísimo tiempo y la fascinación me excede. Estoy navegando el magnífico río Sangha atravesando el corazón de la selva ecuatorial de Africa central en una pequeñita lancha con motor fuera de borda. Avanzamos trazando un surco entre tres países, Congo, Camerún y República Centroafricana, dejando una raja en el agua que parece romper un espejo perfecto. Dejo que el viento, incrementado por la velocidad, acaricie mi cara y alivie el castigo del sol tropical mientras miro al cielo, respiro hondo la humedad con sabor a selva y no puedo creer lo lejos que he llegado. Estoy navegando por el medio de la selva.

El día después

5.45 A.M. Abro los ojos. Dormí 2 horas y sufrí el resto. Las finas paredes de mi carpa dejan traslucir la primera luz del día. La selva está tranquila, los elefantes ya no están y muchos insectos ya se fueron a dormir cediendo el canto a los pájaros diurnos que ya comienzan a despertar. Cuando abro el cierre, veo finalmente el infierno en el que me encuentro. Como ya imaginaba, era la peor situación posible, la del barro no tan húmedo como para licuarse, pero lo suficiente como para volverse blando y espeso. Al salir de la carpa, miro a mi alrededor y soy consciente de que no sólo no iba a llegar a mi destino durante la noche, sino de que nunca podré llegar ni siquiera durante el día, al menos no rodando con la bici. Es hora de ponerme a pensar en alternativas.

Cuando no todo sale bien

 Uno de los días más excepcionales de mi vida entera estaba llegando a su fin. Ese tipo de días que son magníficos porque ofrecen todo lo que uno se imagina pero, aún más importante,  todo lo que uno jamás hubiera podido imaginar. Cuando el mundo supera todas tus expectativas, lo que deviene es la plenitud, y en ese estado, con una sonrisa dibujada de oreja a oreja, llego al único y último pueblo selva adentro, antes de la base de WCS  hacia donde me dirijo. Tengo entendido que es aquí donde debo sellar mi pasaporte para dejar el país al día siguiente.  Todo parece tranquilo en este pequeño y remoto pueblo de pigmeos y bantúes a orillas del Sangha, donde es imposible distinguir una choza de un posible puesto de migraciones. Hasta allí, llegaré empujando la bicicleta por senderos de barro descendiendo al río, guiado por un pigmeo simpático que entendió hacia dónde tenía que ir . U na vez allí, lo que usualmente debería ser una sencilla formalidad, se transformó en ...

Tierra de encuentros

Luego de períodos de tanta intensidad, día tras día manejando niveles de adrenalina tan altos, la llegada a trayectos más fáciles no sólo es bienvenida sino que se vuelve una necesidad. Para cuando llegué a Etoumbi, había pasado algunas de las semanas más extremas en toda mi vida de viajar por el mundo. Estaba feliz pero exhausto, por eso recibí con alegría el reencuentro con el asfalto. Durante aquellos días fáciles que le siguieron a "la guerra" , mirando en retrospectiva a las últimas semanas, me era difícil imaginar la posibilidad de estrechos aún más emocionantes que los que recién acababa de pasar. Pero mi travesía por la selva lejos estaba de terminar. En todo caso, recién había comenzado, y la aventura que ella tenía guardada para mí en las semanas por venir me llevaría a atravesar experiencias que pondrían a prueba una vez más, todas y cada una de mis capacidades (y limitaciones)

-Ça c'est la guerre! (eso es la guerra) Parte 2

Llegué a Olloba con la intención de descansar pero la bicicleta estaba hecha trizas, y yo también.  Luego de algunas horas de estar tirado boca arriba en un colchón sin ratones, apenas podía sentir los músculos . A pesar de ello, no me quedó otra que levantarme para trabajar en ella el resto del día si es que es pera ba lograr salir de allí algún día . Afortunadamente contaba con la compañía de los aldeanos qu ienes , curiosos por lo inusual de mi presencia, hacían lo que podían para ayudarme. Los bloques de barro se habían secado, las ruedas ya no giraban, los cambios no funcionaban y los frenos estaban totalmente atascados, debía poner a punto la bici para poder se guir .  Mi tarea de mecánico se ext iende hasta ya entrada la noche, cuando un generador el éctr ico rugía alimentando l os parlantes y las lucecitas de colores del único bar de la aldea. Era martes, Jean había finalmente llegado con el nuevo cargamento de cervezas ( au nque sospecho q ue se beb...

-Ça c'est la guerre! (eso es la guerra) - Parte 1

   Me llevó dos semanas duras a través de la selva hacer los 550 km hasta el último pueblo en el noreste de Gabón y allí, en Mekambo, lo más fácil había terminado. Llegaba con la intención de volver a cruzar al Congo pero sin tener certeza alguna sobre si eso sería posible. Por consiguiente, mi primera tarea en el pueblo era averiguarlo. Durante la primera hora preguntando a la gente local, no sólo nadie sabía si era posible, sino que la mayoría ni siquiera parecía tener noción de que el Congo está a menos de una centena de kilómetros de allí.  Justo cuando comenzaba a preocuparme, me encontré con 3 mototaxistas que con total seguridad me dijeron:  "claro que se puede, es por allí!" señaló uno. En tanto que otro agregó: "pero....¿es que tú piensas ir con eso?" - dijo dubitativo mirando la bicicleta. -No conozco otro medio- le respondí sonriendo. Finalmente pregunté para corroborar -¿y dónde me sellan el pasaporte?. -Eso es aquí mismo a 200 m- respondió ...

Antes de la guerra

      No importa cuánto uno intente prepararse para afrontar imprevistos, nunca es posible prevenirlo todo. Ya habían pasado casi 10.000 km desde que había salido de Ciudad del Cabo y cargaba desde allí con 10 kg extra en repuestos. Por mucho que me pesara, era inevitable porque sabía que hasta Europa no podría encontrar nada de calidad en caso de roturas, por lo que cualquier problema podría fácilmente devenir en pesadilla.  De todos modos, como es habitual, la Ley de Murphy prueba ser infalible y siempre se rompe algo al margen de todo lo que uno puede reemplazar . En este caso, luego de días pedaleando a puro golpes antes de Mako kou , noté que mitad del porta-alforjas delantero quedó suelto en el aire. Me había pasado muchas veces que por esfuerzo de corte, debido a impacto y peso, los tornillos se cortaran, pero esta vez lo que se había cortado no era el tornillo sino la pieza de sujeción unida a la horquilla.

La selva

Sabía poco y nada de Gabón antes de cruzar la frontera, y es quizás por eso que llegaba allí con tanto interés. Desde muy pequeño, en mi hábito de quedarme hipnotizado varias horas mirando los mapamundis, muchos países me despertaban curiosidad tan sólo por cómo sonaba su nombre. Gabón, por algún motivo que no podría explicar, era uno de ellos. Me gustaba decir: "Gabón", me quiero ir a: "Gabón", y porque curioso no se hace, se nace ¿a dónde llegaba finalmente ahora, a mis 37 años? - Por supuesto, a Gabón. 

El cálido espíritu congoleño

Han pasado nuevamente 3 semanas de estar detenido, pero finalmente la espera ha acabado y la burocracia también (al menos por el momento). Estos últimos dos meses de paradas larga s pasaron lento pero lo cierto es que han sido necesari a s. En la primera, en Luanda, me he ganado un hermoso puñado de grandes amigos; en la segunda, en Cabinda, me he rencontrado felizmente con la magia, si bien temporal, de una pasión ardiente; y en esta última parada en Brazzaville, aunque ya muy cerca del aburrimiento , he descansado y engordado. Lo importante es que he podido recuperar mis fuerzas, porque de ahora en adelante no habrá más descansos y necesitaré hacer uso de cada partícula de energía para enfrentar la aventura que planeo para los próximos meses.

El país que no debió ser

Mi estadía en Brazzaville sería la última antes de dejar por mucho tiempo, un mundo con un mínimo nivel de confort. Es por eso que sin quererlo debí pasar tres semanas necesarias haciendo base en esta capital . No es cosa fácil, porque ya no es sorpresa para mí , que como toda capital africana no tenga nada de bonita ni nada de interesante. Allí me tuve que concentrar principalmente en sortear (y batallar) las peores burocracias de los países de esta mitad occidental de Africa, para poder seguir adelante con mi ambicioso plan para cruzar la selva ecuatorial. 

El Congo que no esperaba

Congo, el Congo. Creo que no existe aventurero de verdad en cuya cabeza, este nombre no resuene hasta el punto de llegar a quitarle el sueño. Tanto en las fantasías de uno como en la realidad, el Congo evoca imágenes de misterio, de intriga; de un mundo que ha permanecido impenetrable por siglos y que otrora, ha castigado con la muerte a muchos de aquellos primeros exploradores que a lo largo del tiempo han osado atravesarlo. El Congo, divido políticamente en dos, la República del Congo y la República Democrática del Congo (ex-Zaire y que sólo en el nombre del cinismo puede ser llamada democrática ), es el pulmón de Africa, una porción enorme de ese manchón verde oscuro en el mapa del continente negro, la selva ecuatorial. Allí llegaba luego de años de haberlo soñado, con mi mente y mi cuerpo listos finalmente para entregarse a una aventura única en la vida. Pero la llegada no sería tan directa, primero me tocaría conocer un costado del Congo que no era el que yo esperaba.

Angola de mi corazón

Si han llegado hasta aquí luego de leer todas las historias de Angola, o si comienzan por aquí, ya lo saben y no será ningún misterio: Angola ha alcanzado mi galardón personal máximo, el de haberse ganado mi corazón. Por lo tanto ocupa ya un lugar entre mis países favoritos del mundo y ciertamente a la cabeza de Africa.   Lo único negativo de Angola será probablemente pasar por la tortura de conseguir el visado, pero luego de los dos magníficos meses que pasé en el país, hoy miro hacia atrás y debo reconocer que una parte importante de la magia de Angola se debe a la virtual ausencia absoluta de turismo, y por consiguiente, la gran recompensa de obtener la visa, es tener el país prácticamente para uno solo. Así como sus estúpidas regulaciones de visado y los perros rabiosos que tienen de personal diplomático ponen todo su esmero para que no entres en el país, también desmotivan rápidamente a la peor calidad de turistas, aquellos que llegan para poluir una cultura en vez...

Un ángel en Cabinda

   Cabinda es una peca de Angola encerrada entre el la República del Congo y la R.D.Congo. Quedó separada del país cuando por un tratado, Angola le cedió una estrecha franja a la R.D Congo para que tuviera salida al mar, a cambio de una concesión de tierras que esta última le daría a Angola al otro lado del país. En la aislada Cabinda no hay nada más que petróleo explotado por las grandes corporaciones petroleras, pobreza y la selva de Mayombé.  En mi primer, y originalmente único día que pasaría en esta peca, un inesperado mensaje me llegó por Facebook. Era de una doctora argentina que por contactos de contactos se enteró que yo era un argentino que viajaba en bicicleta y que ahora mismo estaba cruzando Angola, país al que ella se había mudado hacía tan sólo 3 semanas, y era precisamente a Cabinda donde se había ido a vivir. Me contactó para ofrecerme cualquier cosa que necesitara , así que e sa misma noche conocí a Sil en su nueva casa , como tamb...

Reconfigurando el plan

Los períodos de descanso en un viaje de muchos años son necesarios, pero más descanso del necesario puede también resultar contra productivo. Comenzar a rodar de vuelta luego de vivir 3 semanas en Luanda, entre amigos, eventos y salidas, requirió de un gran esfuerzo. Por un lado, el aspecto físico es incómodo, volver a usar los músculos después de tanto tiempo de inactividad es como intentar hacer andar a un engranaje oxidado. Por el otro, incluso para quienes tenemos naturaleza de nómadas, se nos hace difícil volver al ejercicio de soltar, soltar a todas aquellas nuevas amistades y personas especiales que hemos sumado a nuestra vida y con quienes hemos sembrado un nuevo vínculo. 

Luanda la injusta

Mi primer contacto con Angola había ocurrido hacía 5 años, en el año 2010, cuando mi jefe del estudio para el que trabajaba en Chengdu, China, me puso a cargo del proyecto de un edificio de oficinas en Luanda para un desarrollador chino allí. En ese momento no logré viajar al país para poder entender el sitio de la obra, así que me tuve que limitar a "conocer" Luanda através de las imágenes satelitáles en Google Earth. En aquellos días, lo que las imágenes mostraban, era mayormente una gran masa aglomerada de barrios pobres comprimidos y los primeros edificios altos que afloraban de la superficie. Tal era el contraste, que como arquitecto me resultaba absurdo, casi una aberración, estar diseñando un edificio acristalado de 30 pisos rodeado de una gran masa de casas de cartón. El proyecto nunca se construiría, y pasarían 5 años hasta que entrara rodando a Luanda en bicicleta y pudiera ver a esta ciudad sobre la costa del Atlántico, transformada en una especie de Miami horr...

El 2015 en retrospectiva

El 2015 finalmente ha quedado atrás. Un año de caos que comenzó como el más difícil de mi vida y terminó como uno de los mejores. La vida puede darte patadas sin asco pero luego, siempre encuentra maneras de compensarte las tristezas arrojándote una tras otra alegría. Eso es lo que fue el 2015 para mí, fue caer del cielo, romperme en el piso y levantarme para reconstruir mis pedazos y reencontrarme conmigo mismo. Todo este proceso, vivido sobre una bicicleta a lo largo de más miles y miles de kilómetros recorridos en el continente africano. Pero más allá de las miserias y las alegrías, fue un año intenso de lecciones inmensas que no pasará desapercibido. Hoy tan sólo 3 días dentro del 2016, miro para atrás para compartir en esta entrada, algunos de los momentos más intensos de cada mes del 2015. Uno por mes. Fue una elección muy difícil pero aquí va. Enero - me encuentro en el paraíso de las costas del Indico en Mozambique en una situación emocional muy difícil. La belleza del...

Paseo por la costa

A pocos kilómetros luego de salir del mato me volví a reencontrar una vez más con el océano atlántico en Benguela. Comenzaba una nueva etapa por este país del cual ya me había enamorado. Dejaba ya atrás la Angola de las tribus ancestrales y el clima árido para pasar a una Angola floreciente repartida asimétricamente entre rascacielos modernos acristalados y pobreza extrema. Un presente que tiene la disparidad necesaria para matar de un infarto repetidas veces a nuestro mismísimo Comandante Che Guevara de haber vivido para verlo. Retratado en las paredes de casi todo centro urbano angoleño, y símbolo de la lucha por los ideales de igualdad y justicia social, que en Angola alguna vez proclamaron sus actuales líderes en los tiempos de la independencia y la posterior guerra civil de 27 años de duración con el apoyo de Cuba, hoy su imagen icónica, como en muchos otros lados, no simboliza más que otro sueño que parece haber quedado enterrado bajo las patas de aquellos que añoran los e...

El amor por el mato

Luego de atravesar 350 km del mato por una semana, llegué finalmente a Lubango muy cansado . Pero en vez de quedarme a descansar en la ciudad más grande del sur del país decidí continuar 15 km cuesta arriba hasta Humpata, un pueblito ubicado en una meseta a 1920 m de altura. Allí me recibió el Padre Sabino en la misión católica que se encuentra en el medio de un solitario bosque de eucaliptos.  Necesitaba reponer energías porque no estaba dispuesto a dejar el corazón tribal de Angola ; luego de unos días iría por más.

El corazón tribal de Angola

Llevaba casi dos meses de adrenalina pura, pedaleando por los caminos más remotos de Namibia, disfrutando en bella soledad de una naturaleza sublime a la vez que esgrimía a diario el acecho inminente de las fieras y lidiaba con la escasez de recursos. Cuando uno se acostumbra a vivir con esta dosis de estímulos, el problema es que es difícil volver atrás; uno siempre quiere más. Por eso, decidí continuar mi travesía hacia el norte, evitando la comodidad (y el aburrimiento) del camino asfaltado que cruza en Oshikango, optando en vez, por la ausencia total de caminos y entrar por el corazón del mato angoleño cruzando el río Cunene en Ruacaná. La aventura continuaba.

Final tribal

  10 horas como sardina en una furgoneta, a lo largo de un aburridísimo camino de asfalto, fue lo que me llevó deshacer 12 días de travesía en bicicleta por caminos brutales. Cuando no me queda otro remedio que tener que subirme a un transporte público, no dejo de preguntarme cómo hice para viajar tantos años por este medio. Es espantoso. La diferencia es abismal porque todo ocurre a una velocidad que ni la mente ni el cuerpo pueden realmente absorber lo que está ocurriendo. Es como volver al mundo donde se vive en un correr perpetuo (aún me pregunto con qué fin) y hasta en Namibia, se corre tanto por sus pocas rutas de asfalto, que la gente se lleva puestos hasta los elefantes. Cada vez que esto ocurre, la policía confisca los colmillos de marfil y el cuerpo es carneado en la ruta misma por la gente de una aldea entera que lo cenará por varios días consecutivos. Así fue cómo finalmente llegué de vuelta a Windhoek, queriendo "carnearme" las piernas del dolor en los ...