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Paseo por la costa

A pocos kilómetros luego de salir del mato me volví a reencontrar una vez más con el océano atlántico en Benguela. Comenzaba una nueva etapa por este país del cual ya me había enamorado. Dejaba ya atrás la Angola de las tribus ancestrales y el clima árido para pasar a una Angola floreciente repartida asimétricamente entre rascacielos modernos acristalados y pobreza extrema. Un presente que tiene la disparidad necesaria para matar de un infarto repetidas veces a nuestro mismísimo Comandante Che Guevara de haber vivido para verlo. Retratado en las paredes de casi todo centro urbano angoleño, y símbolo de la lucha por los ideales de igualdad y justicia social, que en Angola alguna vez proclamaron sus actuales líderes en los tiempos de la independencia y la posterior guerra civil de 27 años de duración con el apoyo de Cuba, hoy su imagen icónica, como en muchos otros lados, no simboliza más que otro sueño que parece haber quedado enterrado bajo las patas de aquellos que añoran los e...

El amor por el mato

Luego de atravesar 350 km del mato por una semana, llegué finalmente a Lubango muy cansado . Pero en vez de quedarme a descansar en la ciudad más grande del sur del país decidí continuar 15 km cuesta arriba hasta Humpata, un pueblito ubicado en una meseta a 1920 m de altura. Allí me recibió el Padre Sabino en la misión católica que se encuentra en el medio de un solitario bosque de eucaliptos.  Necesitaba reponer energías porque no estaba dispuesto a dejar el corazón tribal de Angola ; luego de unos días iría por más.

El corazón tribal de Angola

Llevaba casi dos meses de adrenalina pura, pedaleando por los caminos más remotos de Namibia, disfrutando en bella soledad de una naturaleza sublime a la vez que esgrimía a diario el acecho inminente de las fieras y lidiaba con la escasez de recursos. Cuando uno se acostumbra a vivir con esta dosis de estímulos, el problema es que es difícil volver atrás; uno siempre quiere más. Por eso, decidí continuar mi travesía hacia el norte, evitando la comodidad (y el aburrimiento) del camino asfaltado que cruza en Oshikango, optando en vez, por la ausencia total de caminos y entrar por el corazón del mato angoleño cruzando el río Cunene en Ruacaná. La aventura continuaba.

Final tribal

  10 horas como sardina en una furgoneta, a lo largo de un aburridísimo camino de asfalto, fue lo que me llevó deshacer 12 días de travesía en bicicleta por caminos brutales. Cuando no me queda otro remedio que tener que subirme a un transporte público, no dejo de preguntarme cómo hice para viajar tantos años por este medio. Es espantoso. La diferencia es abismal porque todo ocurre a una velocidad que ni la mente ni el cuerpo pueden realmente absorber lo que está ocurriendo. Es como volver al mundo donde se vive en un correr perpetuo (aún me pregunto con qué fin) y hasta en Namibia, se corre tanto por sus pocas rutas de asfalto, que la gente se lleva puestos hasta los elefantes. Cada vez que esto ocurre, la policía confisca los colmillos de marfil y el cuerpo es carneado en la ruta misma por la gente de una aldea entera que lo cenará por varios días consecutivos. Así fue cómo finalmente llegué de vuelta a Windhoek, queriendo "carnearme" las piernas del dolor en los ...

El canto de los leones

 Luego de la dura travesía de cruzar el Namib, me tomé una semana para reponer fuerzas en Windhoek, comer muy bien, hacer braai todas las noches con muy buenos amigos y amigas, y antes de volver a partir, iniciar el final del proceso de uno de los trámites más complicados para poder continuar con esta aventura por el oeste de Africa: obtener el visado de Angola. Sin mucho apuro, pasé el tiempo necesario para recuperarme antes de emprender el brutal camino que me esperaba por delante, un camino que sería muchísimo más demandante que el que ya había hecho para hasta llegar aquí.

La sublime belleza de la desolación

A lo largo de mis años de viajero he descubierto, sobre todo desde que comencé a viajar en bicicleta, que la esencia de un país y de una cultura yace en esa delicada transición que ocurre entre los puntos renombrados del mismos. Con el pasar del tiempo, he perdido casi el total interés, por lo menos cuando se trata de viajar propiamente dicho, en visitar atracciones turísticas, porque en ellas he comprobado una y otra vez que la cultura local se diluye en el juego perverso de la avaricia y la comercialización de la belleza. El resultado es encontrarse en lugares que si bien originalmente atesoran una belleza exquisita, toda la estructura que se ha desarrollado a su alrededor los vuelve muy difíciles de disfrutar en un estado medianamente puro.

Disfruta el silencio

All I've ever wanted... All I've ever needed... it's here in my arms.... words are very unnecessary... they can only do harm... -Enjoy the silence - Depeche Mode (todo lo que siempre he querido... todo lo que siempre he necesitado... está aquí en mis brazos... las palabras son tan innecesarias.. sólo pueden hacer daño..                                                     -Disfruta del silencio – Depeche Mode )  Para cuando llegué a Vioolsdrif, el puesto fronterizo sudafricano, ya todo el paisaje y los fenómenos atmosféricos a mi alrededor se habían transformado; un atardecer extra-planetario indicaba mi rumbo: Namibia; y ese cielo multicolor de nubes estiradas como finas fibras de seda, sobre un desierto rocoso de arbustos...