Ir al contenido principal

Entradas

Ángeles de Etiopía

De todo lo que he escrito hasta ahora de Etiopía, habrá quedado claro ya, que el problema principal con el que nos encontramos una y otra vez en este país es su gente, particularmente los niños y adolescentes. Desde el día en que llegamos, y hasta el día de hoy en que me encuentro escribiendo esto ya varios meses después de irnos, he estado tratando de entender, de encontrar una explicación coherente a este deleznable comportamiento. No sé si he encontrado una respuesta que explique todas mis inquietudes (y frustraciones), ni probablemente haya una sino varias respuestas, pero a través de conversar con gente que considero iluminada, he podido quizás acercarme al comienzo de la compresión. A estas personas, a quienes me gusta llamar los “ángeles de Etiopía” está dedicada esta entrada

Fe con sabor etíope

 ADVERTENCIA: muchos de los comentarios y opiniones que leerán a continuación podrán resultar muy ásperos, pero prometo que son el más fidedigno reflejo de la experiencia frecuentemente miserable de cruzar Etiopía en bicicleta. Dada la radical diferencia que existe entre quienes viajamos en bicicleta por este país (y de aquellos que andan por el mundo a pie),con los que viajan por medios motorizados, no me siento particularmente predispuesto a aceptar objeciones ni cuestionamientos de quienes no lo hayan atravesado de la misma manera. La región del Tigray fue el principal, y quizás el único motivo, por el cual nuestra ruta por Etiopía tuvo el doble de los kilómetros que lleva cruzar el país por la vía más corta. Pensé desde el principio, que si de todos modos debíamos sufrir Etiopía, pues entonces que al menos sea compensándolo con lo mejor que tiene para ofrecer. En mi caso, llevaba años deseando visitar esta enigmática región del mundo de prácticas religiosas milenarias...

GIVE ME!

ADVERTENCIA: muchos de los comentarios y opiniones que leerán a continuación podrán resultar muy ásperos, pero prometo que son el más fidedigno reflejo de la experiencia frecuentemente miserable de cruzar Etiopía en bicicleta. Dada la radical diferencia que existe entre quienes viajamos en bicicleta por este país (y de aquellos que andan por el mundo a pie),con los que viajan por medios motorizados, no me siento particularmente predispuesto a aceptar objeciones ni cuestionamientos de quienes no lo hayan atravesado de la misma manera . En Gondar, luego de poco menos de 200 km de haber entrado en Etiopía, es donde la ruta que había planeado se separaba del camino que hacen virtualmente todos los ciclistas que pasan por aquí. Si bien esto involucraba casi duplicar la distancia que nos llevaría cruzar el país, alejándonos de las comodidades de la ruta principal, llevándonos por caminos muy duros y en mala condición, lo cierto es que la ruta del Tigray nos llevaría tambi...

YOU!

ADVERTENCIA: muchos de los comentarios y opiniones que leerán a continuación podrán resultar muy ásperos, pero prometo que son el más fidedigno reflejo de la experiencia frecuentemente miserable de cruzar Etiopía en bicicleta. Dada la radical diferencia que existe entre quienes viajamos en bicicleta por este país (y la de aquellos que andan por el mundo a pie),con los que viajan por medios motorizados, no me siento particularmente predispuesto a aceptar objeciones ni cuestionamientos de quienes no lo hayan atravesado de la misma manera. La tarea de leer, investigar y preguntar sobre un país que planeamos visitar casi siempre precede a la llegada y es una tarea que lleva un tiempo indeterminado . Soñamos, nos informamos, aprendemos y procuramos saber lo más posible con el fin de que las cosas salgan bien. En el caso de Etiopía, a diferencia de la mayoría de los países, la información que obtenemos através de otros ciclistas y caminantes, nos pinta un panorama nefasto con hist...

Sudán bien adentro en el corazón

    Si llegaron hasta aquí, luego de haber leido todos los relatos de Sudán, no les resultará sorpresa leer cómo me siento con respecto a este país y específicamente hacia su gente. Muchos de los que están al día con las noticias lo encontrarán confuso, al fin y al cabo prácticamente lo único que se lee sobre Sudán es malo por decir poco. Los medios, especialmente los de Estados Unidos, no hesitan en meterlos dentro de una gran bolsa de terroristas musulmanes asesinos, alimentando una campaña de odio para poder concretar eventualmente los intereses de unos pocos. Otros difunden exclusivamente sus conflictos, como la reciente  condena fallida a una mujer cristiana por abandonar el Islam, o en el pasado la crisis de Darfur. No, Sudán no es perfecto, tiene su cuota de problemas y un largo camino hacia corregirlos, como ocurre en todo el mundo.

De la capital de arena a la frontera

       Un mes en la capital de arena Desde un punto de vista estético, sinceramente hablando, Jartúm (Khartoum) no es la ciudad más atractiva del mundo. En términos de arquitectura es una ciudad a medio construir, de hecho ninguna construcción parece estar terminada del todo. El horizonte revela paredes de ladrillos sin revestimientos, estructuras sin terminar, paredes sin pintar y edificios públicos que se vienen abajo entre los centenares de minaretes puntiagudos de las tantas mezquitas de la ciudad. Las excepciones, como ocurre en muchos países con presidentes tiranos enquistados en el poder, son los edificios monumentales del poder militar, la policía, las casas de gobierno, embajadas y alguno que otro hotel. En términos urbanos, la ciudad está definitivamente incompleta, más allá de sus pocas arterias principales asfaltadas, las calles son de arena y las aceras no existen ni hasta en pleno centro. 

Por unas migajas de oro

 Mucho más que las imágenes idílicas de siluetas de camellos, andando lentamente en caravana por las onduladas dunas doradas al atardecer, el Sahara es para muchos, el lugar a dónde se viene a ganarse la vida. En este vasto inhóspito océano de arena, el calor abrasivo, la crudeza del viento y la crueldad del sol, hacen impensable que pueda ser posible encontrar un medio para ganarse el sustento. Sin embargo, desde el inicio de los tiempos, el Sahara le ha regalado a la humanidad su metal más anhelado: el oro. Ese brillo dorado que desde el antiguo Egipto hasta la China del siglo XXI ha enceguecido al mundo entero, lleva a millones de personas a movilizarse en busca de él donde quiera que se encuentre .