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India en familia. Las bodas.

No hay nada más especial que poder experimentar un país desde adentro, conviviendo con su gente, siguiendo sus costumbres, viviendo el día a día, y en esta, mi tercera vez en India, fue cuando más que en cualquiera de las dos veces anteriores pude experimentar la vida india desde un hogar. El destino hizo que tuviéramos la enorme fortuna de conocer a Manish, quién junto a su familia entera y a su gran grupo de amigos nos cuasi adoptarían y harían parte de su propia familia durante el mes que pasamos con ellos. 

Y va la tercera...

Es la tercera vez en mi vida que llego a India y la segunda que lo hago en bicicleta. Hace 13 años llegaba por primera vez, y con mis 22 años era apenas un niño con una mochila al hombro y sin experiencia en comparación. Ya en aquel entonces supe a los pocos días, luego de atravesar ese gran simbronazo que uno experimenta la primera vez que llega al país, que volvería una y otra vez a lo largo del resto de mi vida. Hoy, 13 años más tarde sigo teniendo esa misma hermosa sensación del primer viaje, la de llevar a India muy dentro mío, y a medida que pasan los años y me voy poniendo viejo, siento que India sigue creciendo dentro mío y junto conmigo con cada viaje. India es un planeta en sí mismo y es bastante cierto el hecho de que se lo ama o se lo odia, porque sea donde sea que uno esté en India, a uno le puede gustar o no, pero lo que sí es seguro es que es imposible que te sea indiferente. Yo ciertamente amo a India con devoción, es como un imán que no me deja separarme....

Vida rural y trabajo duro

La salida del Himalaya hacia las tierras bajas del Terai marcó el comienzo de la inmersión en la vida rural Nepalesa. Ya lejos de las hordas de turistas que inundan el alto Himalaya, Pokhara, Kathmandu y el Terai oriental, este pequeño país queda prácticamente para uno solo, atravesando aldeas simples de gente amigable, sencilla y no obsesionada con el dinero que supuestamente tienen todos los extranjeros.

Explosión de vida

Aterrizar en Nepal luego de 71 días de esterilidad Japonesa fue como volver a nacer. Se dice que el hombre es un animal de costumbre, y a veces se requiere de un salto abrupto para darse cuenta cómo uno fue acostumbrándose, quizás sin darse cuenta, a una determinada situación de vida. Bajarse del avión en Kathmandu fue como salir de un estado de anestesia general, todos los sentidos volvieron a aflorar rápidamente y se volvieron a sentir con mayor intensidad. Fue una explosión de vida, fue como la alegría que llega con la primavera luego de un largo y oscuro invierno. Es en el contraste tan fuerte donde me di cuenta cómo tanta asepsia japonesa había de alguna manera adormecido mi espíritu, y Nepal, con su descarga de estímulos fue la inyección que haría revivir todas las emociones. 

Algunos videos del año

Mientras nos tomamos dos semanas de vacaciones en India con la visita de mi mamá, los invito a ver el siguiente compilado de videos del año que pasó, primer año de este viaje.  Video compilado de todo el año en 7+ minutos One year cycling in 7 minutes from Nicolas Marino on Vimeo . Indonesia, cruzando la jungla. Parte I  (versión re-editada de la versión extendida publicada anteriormente) 

Chau Japón!

70 días en Japón, 25 pedaleando y 45 trabajando en Tokyo fueron más que suficientes, tal vez demasiados. A diferencia de ese hermoso sentimiento de querer volver una y otra vez que me dejaron países como Mongolia o Indonesia en este año que pasó, a medida que pasaban los días en Japón más aumentaban mis ganas de irme.  Esto no significa haberlo pasado mal sino más bien no haber sentido lograr una fuerte conexión con el país y su cultura. 

Extravagancia a la japonesa

Durante estos 70 días en el país más tecnológicamente avanzado del planeta, hemos visto muchas cosas apabullantes. En cierto punto, luego de bastante tiempo de estar aquí, uno siente que los japoneses están más allá de todo. La realidad de este país es tan pero tan diferente a la del resto del mundo, especialmente a la del tercer mundo, que en algún punto es como un lugar de ciencia ficción. Las actividades, los problemas y las preocupaciones que ocupan la cabeza de la gente son tan radicalmente diferentes a los que me tocó ver en mi vida que a veces me siento en Disneylandia. Tokyo nunca se detiene y la vida transcurre al galope. El famoso cruce de Shibuya, que en hora pico ve pasar un promedio de 100.000 personas por hora, con su despilfarro lumínico y sus alaridos publicitarios, es el ícono que resume el paso frenético de la vida en Tokyo. En cada una de sus esquinas, cuando el semáforo está en verde para el tráfico, la gente se va acumulando como gotas en un tanque de agua, es ...