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Vacaciones


Ya desde el primer momento en que emprendí este viaje, tenía contemplada la idea de volar a Buenos Aires una vez que llegara a Ciudad del Cabo, a tomarme unas vacaciones para visitar a mi familia y a mis amigos. No podría haber sido un momento más perfecto para eso, porque una vez pasada la euforia de la llegada, para cuando completé la travesía a lo largo de la primera mitad del continente africano, y a los 33.457 km de este viaje, el cansancio y un pasado reciente de dolor que no se va, se cernieron con fuerza sobre mí. Necesitaba la compañía de mi gente, y a Buenos Aires para descansar y reflexionar; encontré la primera pero no la segunda.

La vacaciones suponen un descansar

No me había recuperado aún del jetlag, cuando ya había comenzado la larga sucesión de eventos. A la ya difícil tarea de encontrar espacio para ir de casa en casa a reencontrarme y pasar tiempo con todos los que quería ver luego de tres años de ausencia, ahora me tocaba agregarle: organizarme para ir a las citas de diferentes médicos para control, hacerme análisis de rutina, vacunarme para la siguiente etapa del viaje, al dentista a perder una muela, a mi psicóloga a coser heridas, renovar mi pasaporte, actualizar mi página web, cumplir con entregas atrasadas de fotos, escribir dos artículos para revistas, visitar a un potencial cliente de fotos, atender a la inaguración de mi primera exposición en una galería local, a una entrevista de prensa, dos en la radio, una en la televisión, dar una conferencia en el Museo Nacional de Arte Decorativo de Buenos Aires y si quedaba algún tiempo, dormir y descansar.


La expo

Romi, mi inseparable amiga de una vida entera, junto al apoyo incondicional de Fede, su pareja, dedicaron meses a organizar en sus tiempos libres una expo de mi trabajo fotográfico. Un evento realmente muy especial para mí, la primera exposición formal de mi trabajo en una pequeña galería de Buenos Aires. Decenas de amigos, conocidos e interesados concurrieron a la noche de la inaguración, a ver las fotos y a conversar conmigo.



La radio

La red de contactos iniciada por Romi se expandió y derivó en una entrevista en una web de arte, y dos geniales entrevistas en el programa “Su atención por favor” de la Metro (una estación de radio muy importante de Buenos Aires). Allí visité a Shumi Gauto y Nico Artusi en su programa dedicado a viajeros, para conversar sobre las aventuras y la experiencia de viajar por el mundo en bici. 



El Museo 

 
Por segunda vez, mi gran maestro de la Universidad, y ahora amigo, el arquitecto Alberto Bellucci, director del Museo Nacional de Arte Decorativo de Buenos Aires, me invitó gentilmente a dar una charla en el Museo, en la que combiné historias de viaje, aventuras y fotografía.


La tele
 

Luego de casi un año entero de transmitir episodios de mi viaje en cada capítulo gracias al apoyo de mi gran amigo Rober, finalmente pude visitar en vivo a Paola y a Tomi en el programa “De Gira” que sale por Fox Sports en todo latinoamérica.


Buenos Aires, Argentina

Todo transcurrió en Buenos Aires, que sigue siendo aquel espacio caótico, cada vez más caótico, que fue mi casa por 28 años, y que con sus grandezas y bajezas sigue reflejando una Argentina tan o más disfuncional que la que dejé ya casi una década atrás. Cada retorno a la ciudad de la furia, cada 3 años aproximadamente, me muestra una cara diferente de ella y de mi gente, dependiendo de la parte del mundo desde la que vuelva, y me duele ver que en cada vuelta veo más involución, que evolución. En esta vuelta en particular, veo involución espiritual, veo más que nada gente enojada con el mundo, peleada entre sí, quejándose de todo, cargada de odios viscerales que habitan sólo en los extremos al borde de un abismo y nunca en llanuras de leves ondulaciones.

Será que tanto tiempo en Africa ha comenzado a surtir efecto y a medida que recorro mi ciudad, incluso en su tremendo caos, miro a mi alrededor, la examino, la contemplo y me pregunto: ¿cómo es posible quejarse cuando apreto un botón y una luz se prende en cualquier lado; cuando abro un grifo y no sólo sale agua fresca sino que aún por encima de poder beberla, me sobra para higienizarme a gusto; cuando giro una perilla y tengo fuego instantáneo en vez de tener que juntar maderas y hacer un fuego en el suelo para cocinar; cuando puedo vestir calzado para que la planta de mis pies no sea más que una gruesa costra necesaria para defenderme de las asperezas del suelo; cuando puedo vestir ropa íntegra que huela a jabón y no harapos mugrientos que apenas cubren mi desnudez; cuando el piso, las paredes y el techo de mi casa son sólidos y no de barro y paja; cuando entro a un almacén y tengo una selección variada de alimentos y no una única cosa cuyo único fin no es alimentarme sino hacerme sentir la ilusión de estar lleno? ¿Cómo es posible que en Africa mi vida diaria esté rodeada de sonrisas ante la escasez y en Argentina de miradas de odio ciegas ante la abundancia? ¿quién tiene el verdadero problema? Sé que no somos Noruega y ciertamente tenemos problemas de sobra, pero lo que sí me queda claro en esta visita, es que esos problemas nunca se van a resolver habitando en el odio mutuo, en la enemistad, en el desprecio por y el descuido de lo mucho que ya se tiene, en la ausencia de un sueño común por el bien de todos a pesar de nuestras diferencias ideológicas. Mientras la mirada de la vida siga posada sobre lo que falta y no lo que se tiene, sobre la diferencias ideológicas y no las similitudes de las necesidades humanas, entonces creo que nunca voy a ver un país mejor cada vez que vuelva.

Durante las 5 semanas que pasé en Buenos Aires, uno a uno, fui cumpliendo con todos los eventos, pero lo que originalmente suponía ser un descanso, no lo fue. Hice todo lo que tenía que hacer, comer todo lo que quería comer y estar con toda la gente que quería estar, pero apenas he dormido y mucho menos he descansado. Extraño horriblemente mi espacio, el camino, las largas horas en la bici, la soledad de los paisajes, la compañía diaria de la gente local, ya tengo una imperiosa necesidad de volver a África. 




Ahora sí, vacaciones

Las vacaciones finalmente comienzan en mi vuelta a Sudáfrica, a donde no he vuelto solo. Antes de finalmente arrancar con mi periplo por el oeste de Africa, he traido una vez más a mi papá a viajar conmigo, la segunda vez en este viaje luego de su primera visita en Filipinas dos años atrás. Con un auto de alquiler hemos recorrido más de 3000 km por este magnífico país, dónde juntos seguimos compartiendo nuestro amor y curiosidad por el mundo. Un amor y una curiosidad que él y mi mamá me han inculcado desde el día en que nací, y que hoy continúan a lo largo de nuestra adultez más vivos que nunca. En un momento crítico de mi vida y de este viaje, ha sido la invaluable compañía que necesitaba antes de retomar mi travesía por África, y también para pasar el día de mi cumpleaños número 37, ahora que ya me estoy poniendo más viejo y evidentemente más sensible!



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