jueves, agosto 04, 2016

-Ça c'est la guerre! (eso es la guerra) - Parte 1


 Me llevó dos semanas duras a través de la selva hacer los 550 km hasta el último pueblo en el noreste de Gabón y allí, en Mekambo, lo más fácil había terminado. Llegaba con la intención de volver a cruzar al Congo pero sin tener certeza alguna sobre si eso sería posible. Por consiguiente, mi primera tarea en el pueblo era averiguarlo. Durante la primera hora preguntando a la gente local, no sólo nadie sabía si era posible, sino que la mayoría ni siquiera parecía tener noción de que el Congo está a menos de una centena de kilómetros de allí. 
Justo cuando comenzaba a preocuparme, me encontré con 3 mototaxistas que con total seguridad me dijeron:  "claro que se puede, es por allí!" señaló uno. En tanto que otro agregó: "pero....¿es que tú piensas ir con eso?" - dijo dubitativo mirando la bicicleta. -No conozco otro medio- le respondí sonriendo. Finalmente pregunté para corroborar -¿y dónde me sellan el pasaporte?. -Eso es aquí mismo a 200 m- respondió el tercero. -¿Aquí mismo, seguro? Si todavía faltan 80 km para la frontera! -.  Es que tu no sabés hacia dónde vas mi amigo.....

lunes, julio 25, 2016

Antes de la guerra

 
  
No importa cuánto uno intente prepararse para afrontar imprevistos, nunca es posible prevenirlo todo. Ya habían pasado casi 10.000 km desde que había salido de Ciudad del Cabo y cargaba desde allí con 10 kg extra en repuestos. Por mucho que me pesara, era inevitable porque sabía que hasta Europa no podría encontrar nada de calidad en caso de roturas, por lo que cualquier problema podría fácilmente devenir en pesadilla.  De todos modos, como es habitual, la Ley de Murphy prueba ser infalible y siempre se rompe algo al margen de todo lo que uno puede reemplazar. En este caso, luego de días pedaleando a puro golpes antes de Makokou, noté que mitad del porta-alforjas delantero quedó suelto en el aire. Me había pasado muchas veces que por esfuerzo de corte, debido a impacto y peso, los tornillos se cortaran, pero esta vez lo que se había cortado no era el tornillo sino la pieza de sujeción unida a la horquilla.

jueves, julio 21, 2016

La selva


Sabía poco y nada de Gabón antes de cruzar la frontera, y es quizás por eso que llegaba allí con tanto interés. Desde muy pequeño, en mi hábito de quedarme hipnotizado varias horas mirando los mapamundis, muchos países me despertaban curiosidad tan sólo por cómo sonaba su nombre. Gabón, por algún motivo que no podría explicar, era uno de ellos. Me gustaba decir: "Gabón", me quiero ir a: "Gabón", y porque curioso no se hace, se nace ¿a dónde llegaba finalmente ahora, a mis 37 años? - Por supuesto, a Gabón. 

lunes, julio 11, 2016

Una panadería en Ondingui

 
 
 Ya estaba a tan sólo 160 km de la frontera con Gabón. Aún seguía en la sabana ecuatorial sufriendo cada día más el calor abrasador aliado a la pegajosa humedad tropical y sin tener lugar dónde refugiarme. Habían pasado ya más de 800 km desde que había salido de Brazzaville y la llegada a la selva se me hacía cada vez más larga. Podría haber optado por un camino más corto y probablemente más entretenido, pero no había decidido venir por acá arbitrariamente sino por elección deliberada. Tenía una tarea por completar antes de entrar a Gabón. 

domingo, julio 03, 2016

Sanación espiritual

  
Dentro de la gran cantidad de cosas que me motivan a viajar por el mundo, hay una que persigo con particular interés y es quizás la que más fascinación me provoca: las diferentes manifestaciones de espiritualidad en los seres humanos. Como consecuencia directa del colonialismo, en las regiones no islámicas de Africa, como en occidente, es también el domingo el día en el que mayormente se celebran los rituales religiosos. Es un día que disfruto mucho porque el andar de mis mañanas está generalmente acompañado por el canto comunal que brota del interior de las pequeñas iglesias y parroquias de las aldeas que atravieso
Fue en un domingo como cualquier otro, cuando al pasar por una de las aldeas de la Cuvette occidental, mi mirada se detuvo en el interior de una choza donde vi una cruz de color rojo con una media luna invertida en su parte superior. Mi curiosidad, siempre más fuerte que mi intención de hacer kilómetros, me llevó a aparcar la bicicleta y acercarme a la puerta para investigar. Allí, un gentil hombre vestido e blanco a quien asumí como un sacerdote, me invitó cordialmente a pasar y ser parte de la ceremonia que se llevaba acabo. A primera vista no imaginaba que fuera diferente a tantas en las que ya había participado, pero al poco tiempo de estar allí me vería envuelto inadvertidamente en una situación que jamás hubiera imaginado. A continuación, la historia de lo que ocurrió: 

sábado, julio 02, 2016

El cálido espíritu congoleño


Han pasado nuevamente 3 semanas de estar detenido, pero finalmente la espera ha acabado y la burocracia también (al menos por el momento). Estos últimos dos meses de paradas largas pasaron lento pero lo cierto es que han sido necesarias. En la primera, en Luanda, me he ganado un hermoso puñado de grandes amigos; en la segunda, en Cabinda, me he rencontrado felizmente con la magia, si bien temporal, de una pasión ardiente; y en esta última parada en Brazzaville, aunque ya muy cerca del aburrimiento, he descansado y engordado. Lo importante es que he podido recuperar mis fuerzas, porque de ahora en adelante no habrá más descansos y necesitaré hacer uso de cada partícula de energía para enfrentar la aventura que planeo para los próximos meses.

viernes, abril 01, 2016

El país que no debió ser


Mi estadía en Brazzaville sería la última antes de dejar por mucho tiempo, un mundo con un mínimo nivel de confort. Es por eso que sin quererlo debí pasar tres semanas necesarias haciendo base en esta capital. No es cosa fácil, porque ya no es sorpresa para mí, que como toda capital africana no tenga nada de bonita ni nada de interesante. Allí me tuve que concentrar principalmente en sortear (y batallar) las peores burocracias de los países de esta mitad occidental de Africa, para poder seguir adelante con mi ambicioso plan para cruzar la selva ecuatorial. 

lunes, marzo 21, 2016

El Congo que no esperaba


Congo, el Congo. Creo que no existe aventurero de verdad en cuya cabeza, este nombre no resuene hasta el punto de llegar a quitarle el sueño. Tanto en las fantasías de uno como en la realidad, el Congo evoca imágenes de misterio, de intriga; de un mundo que ha permanecido impenetrable por siglos y que otrora, ha castigado con la muerte a muchos de aquellos primeros exploradores que a lo largo del tiempo han osado atravesarlo. El Congo, divido políticamente en dos, la República del Congo y la República Democrática del Congo (ex-Zaire y que sólo en el nombre del cinismo puede ser llamada democrática), es el pulmón de Africa, una porción enorme de ese manchón verde oscuro en el mapa del continente negro, la selva ecuatorial. Allí llegaba luego de años de haberlo soñado, con mi mente y mi cuerpo listos finalmente para entregarse a una aventura única en la vida. Pero la llegada no sería tan directa, primero me tocaría conocer un costado del Congo que no era el que yo esperaba.

martes, febrero 16, 2016

Adiós amigo......


Hace poco más de un año llegaba a la costa del Indico en Mozambique. Allí, en ese increíble paraíso solitario, rodeado de una belleza sin nombre, me detuve a contemplar y tratar de absorber tanta belleza en un momento difícil de mi vida. No había absolutamente nadie alrededor en ese eterno estrecho de "harina" blanca y mar turquesa cristalino, hasta que detrás de las palmeras, apareció una silueta. Al dirigirse hacia a mí, avanzando despacito sobre la arena, la imagen de una gran sonrisa fue tomando forma y los pelos revueltos y una lata de cerveza en la mano a las 10 am bajo pleno sol tropical, terminaron de conformar la primera imagen que tendría de Albé. 

jueves, febrero 04, 2016

Angola de mi corazón


Si han llegado hasta aquí luego de leer todas las historias de Angola, o si comienzan por aquí, ya lo saben y no será ningún misterio: Angola ha alcanzado mi galardón personal máximo, el de haberse ganado mi corazón. Por lo tanto ocupa ya un lugar entre mis países favoritos del mundo y ciertamente a la cabeza de Africa. 

 Lo único negativo de Angola será probablemente pasar por la tortura de conseguir el visado, pero luego de los dos magníficos meses que pasé en el país, hoy miro hacia atrás y debo reconocer que una parte importante de la magia de Angola se debe a la virtual ausencia absoluta de turismo, y por consiguiente, la gran recompensa de obtener la visa, es tener el país prácticamente para uno solo. Así como sus estúpidas regulaciones de visado y los perros rabiosos que tienen de personal diplomático ponen todo su esmero para que no entres en el país, también desmotivan rápidamente a la peor calidad de turistas, aquellos que llegan para poluir una cultura en vez de respetarla. 

Reconfigurando el plan


Los períodos de descanso en un viaje de muchos años son necesarios, pero más descanso del necesario puede también resultar contra productivo. Comenzar a rodar de vuelta luego de vivir 3 semanas en Luanda, entre amigos, eventos y salidas, requirió de un gran esfuerzo. Por un lado, el aspecto físico es incómodo, volver a usar los músculos después de tanto tiempo de inactividad es como intentar hacer andar a un engranaje oxidado. Por el otro, incluso para quienes tenemos naturaleza de nómadas, se nos hace difícil volver al ejercicio de soltar, soltar a todas aquellas nuevas amistades y personas especiales que hemos sumado a nuestra vida y con quienes hemos sembrado un nuevo vínculo. 

miércoles, febrero 03, 2016

Luanda la injusta


Mi primer contacto con Angola había ocurrido hacía 5 años, en el año 2010, cuando mi jefe del estudio para el que trabajaba en Chengdu, China, me puso a cargo del proyecto de un edificio de oficinas en Luanda para un desarrollador chino allí. En ese momento no logré viajar al país para poder entender el sitio de la obra, así que me tuve que limitar a "conocer" Luanda através de las imágenes satelitáles en Google Earth. En aquellos días, lo que las imágenes mostraban, era mayormente una gran masa aglomerada de barrios pobres comprimidos y los primeros edificios altos que afloraban de la superficie. Tal era el contraste, que como arquitecto me resultaba absurdo, casi una aberración, estar diseñando un edificio acristalado de 30 pisos rodeado de una gran masa de casas de cartón. El proyecto nunca se construiría, y pasarían 5 años hasta que entrara rodando a Luanda en bicicleta y pudiera ver a esta ciudad sobre la costa del Atlántico, transformada en una especie de Miami horripilante de estilo africano, portugués aunque mayormente Made in China. 

lunes, enero 04, 2016

El 2015 en retrospectiva

El 2015 finalmente ha quedado atrás. Un año de caos que comenzó como el más difícil de mi vida y terminó como uno de los mejores. La vida puede darte patadas sin asco pero luego, siempre encuentra maneras de compensarte las tristezas arrojándote una tras otra alegría. Eso es lo que fue el 2015 para mí, fue caer del cielo, romperme en el piso y levantarme para reconstruir mis pedazos y reencontrarme conmigo mismo. Todo este proceso, vivido sobre una bicicleta a lo largo de más miles y miles de kilómetros recorridos en el continente africano. Pero más allá de las miserias y las alegrías, fue un año intenso de lecciones inmensas que no pasará desapercibido.

Hoy tan sólo 3 días dentro del 2016, miro para atrás para compartir en esta entrada, algunos de los momentos más intensos de cada mes del 2015. Uno por mes. Fue una elección muy difícil pero aquí va.



Enero - me encuentro en el paraíso de las costas del Indico en Mozambique en una situación emocional muy difícil. La belleza del país y su gente adorable me dan fuerzas para seguir adelante y no perder la fe. 

domingo, diciembre 27, 2015

Paseo por la costa


A pocos kilómetros luego de salir del mato me volví a reencontrar una vez más con el océano atlántico en Benguela. Comenzaba una nueva etapa por este país del cual ya me había enamorado. Dejaba ya atrás la Angola de las tribus ancestrales y el clima árido para pasar a una Angola floreciente repartida asimétricamente entre rascacielos modernos acristalados y pobreza extrema. Un presente que tiene la disparidad necesaria para matar de un infarto repetidas veces a nuestro mismísimo Comandante Che Guevara de haber vivido para verlo. Retratado en las paredes de casi todo centro urbano angoleño, y símbolo de la lucha por los ideales de igualdad y justicia social, que en Angola alguna vez proclamaron sus actuales líderes en los tiempos de la independencia y la posterior guerra civil de 27 años de duración con el apoyo de Cuba, hoy su imagen icónica, como en muchos otros lados, no simboliza más que otro sueño que parece haber quedado enterrado bajo las patas de aquellos que añoran los excesos de poder y el dinero. Esa es la Angola que tenía por delante.

sábado, diciembre 26, 2015

El amor por el mato

Luego de atravesar 350 km del mato por una semana, llegué finalmente a Lubango muy cansado. Pero en vez de quedarme a descansar en la ciudad más grande del sur del país decidí continuar 15 km cuesta arriba hasta Humpata, un pueblito ubicado en una meseta a 1920 m de altura. Allí me recibió el Padre Sabino en la misión católica que se encuentra en el medio de un solitario bosque de eucaliptos.  Necesitaba reponer energías porque no estaba dispuesto a dejar el corazón tribal de Angola; luego de unos días iría por más.

sábado, noviembre 28, 2015

El corazón tribal de Angola


Llevaba casi dos meses de adrenalina pura, pedaleando por los caminos más remotos de Namibia, disfrutando en bella soledad de una naturaleza sublime a la vez que esgrimía a diario el acecho inminente de las fieras y lidiaba con la escasez de recursos. Cuando uno se acostumbra a vivir con esta dosis de estímulos, el problema es que es difícil volver atrás; uno siempre quiere más. Por eso, decidí continuar mi travesía hacia el norte, evitando la comodidad (y el aburrimiento) del camino asfaltado que cruza en Oshikango, optando en vez, por la ausencia total de caminos y entrar por el corazón del mato angoleño cruzando el río Cunene en Ruacaná. La aventura continuaba.

martes, septiembre 01, 2015

Final tribal



 10 horas como sardina en una furgoneta, a lo largo de un aburridísimo camino de asfalto, fue lo que me llevó deshacer 12 días de travesía en bicicleta por caminos brutales. Cuando no me queda otro remedio que tener que subirme a un transporte público, no dejo de preguntarme cómo hice para viajar tantos años por este medio. Es espantoso. La diferencia es abismal porque todo ocurre a una velocidad que ni la mente ni el cuerpo pueden realmente absorber lo que está ocurriendo. Es como volver al mundo donde se vive en un correr perpetuo (aún me pregunto con qué fin) y hasta en Namibia, se corre tanto por sus pocas rutas de asfalto, que la gente se lleva puestos hasta los elefantes. Cada vez que esto ocurre, la policía confisca los colmillos de marfil y el cuerpo es carneado en la ruta misma por la gente de una aldea entera que lo cenará por varios días consecutivos. Así fue cómo finalmente llegué de vuelta a Windhoek, queriendo "carnearme" las piernas del dolor en los músculos atrofiados de tantas horas comprimido en la puta furgoneta.

lunes, agosto 31, 2015

El canto de los leones


 Luego de la dura travesía de cruzar el Namib, me tomé una semana para reponer fuerzas en Windhoek, comer muy bien, hacer braai todas las noches con muy buenos amigos y amigas, y antes de volver a partir, iniciar el final del proceso de uno de los trámites más complicados para poder continuar con esta aventura por el oeste de Africa: obtener el visado de Angola. Sin mucho apuro, pasé el tiempo necesario para recuperarme antes de emprender el brutal camino que me esperaba por delante, un camino que sería muchísimo más demandante que el que ya había hecho para hasta llegar aquí.

lunes, agosto 17, 2015

La sublime belleza de la desolación


A lo largo de mis años de viajero he descubierto, sobre todo desde que comencé a viajar en bicicleta, que la esencia de un país y de una cultura yace en esa delicada transición que ocurre entre los puntos renombrados del mismos. Con el pasar del tiempo, he perdido casi el total interés, por lo menos cuando se trata de viajar propiamente dicho, en visitar atracciones turísticas, porque en ellas he comprobado una y otra vez que la cultura local se diluye en el juego perverso de la avaricia y la comercialización de la belleza. El resultado es encontrarse en lugares que si bien originalmente atesoran una belleza exquisita, toda la estructura que se ha desarrollado a su alrededor los vuelve muy difíciles de disfrutar en un estado medianamente puro.

sábado, agosto 15, 2015

Disfruta el silencio


All I've ever wanted...
All I've ever needed...
it's here in my arms....
words are very unnecessary...
they can only do harm...
-Enjoy the silence - Depeche Mode

(todo lo que siempre he querido...
todo lo que siempre he necesitado...
está aquí en mis brazos...
las palabras son tan innecesarias..
sólo pueden hacer daño..

                                                    -Disfruta del silencio – Depeche Mode )

 Para cuando llegué a Vioolsdrif, el puesto fronterizo sudafricano, ya todo el paisaje y los fenómenos atmosféricos a mi alrededor se habían transformado; un atardecer extra-planetario indicaba mi rumbo: Namibia; y ese cielo multicolor de nubes estiradas como finas fibras de seda, sobre un desierto rocoso de arbustos secos y colores opacos, era el claro anuncio de que una nueva dimensión y un espacio único me estaban esperando. Ya había escuchado repetidas veces hablar de la belleza de Namibia, pero ya he estado también en decenas de escenarios mágicos en este mundo, por lo que mi menor capacidad de sorprenderme me mantiene con cierto escepticismo ante las palabras ajenas. Ahora me tocaba descubrirlo por mí mismo para sacar mi propia conclusión.