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Colombia 2005 -- Mail 7

holas, estoy bastante triste a pesar de que estoy en un lugar alucinante, quizas el mejor de todos los que estuve hasta ahora. Pero ayer me robaron mi camara junto con los 3 ultimos rollos. Y no me apena tanto que mi camara valiera cerca de mil dolares proque eso se reemplza, como los tres ultimos rolllos donde tenia fotos alucinantes, con retratos qu ehice de indigenas, con fotos increibles de popayan y del santuario de las lajas.....eso es lo qeu mas triste me pone mas alla de que todo este dentro mio.

No voy a describir como fue por mail, pero fue feo, igual estoy enterito sin ningun prob asi que no hay por que asustarse.

me quedo hoy y mañana en san agustin visitaando llos parques arqueologicos de una civilizacioln cuyo origeen y deesaparicion es un misterio total. El jueves vuelvo a bogota y por supuesto, no habra mas fotos. .,,:(

salutes
yo

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El país que no debió ser

Mi estadía en Brazzaville sería la última antes de dejar por mucho tiempo, un mundo con un mínimo nivel de confort. Es por eso que sin quererlo debí pasar tres semanas necesarias haciendo base en esta capital. No es cosa fácil, porque ya no es sorpresa para mí, que como toda capital africana no tenga nada de bonita ni nada de interesante. Allí me tuve que concentrar principalmente en sortear (y batallar) las peores burocracias de los países de esta mitad occidental de Africa, para poder seguir adelante con mi ambicioso plan para cruzar la selva ecuatorial.

Paz al fin

Uno de los días más aterradores de mi vida, parte de algunos de los días más extremos que he experimentado viajando, ha quedado finalmente atrás. Ahora miro a mi alrededor, en mi primer día de descanso en muchísimo tiempo y la fascinación me excede. Estoy navegando el magnífico río Sangha atravesando el corazón de la selva ecuatorial de Africa central en una pequeñita lancha con motor fuera de borda. Avanzamos trazando un surco entre tres países, Congo, Camerún y República Centroafricana, dejando una raja en el agua que parece romper un espejo perfecto. Dejo que el viento, incrementado por la velocidad, acaricie mi cara y alivie el castigo del sol tropical mientras miro al cielo, respiro hondo la humedad con sabor a selva y no puedo creer lo lejos que he llegado. Estoy navegando por el medio de la selva.

Atrapado en la noche

No fue el gran inconveniente de perder más de una hora valiosa de luz lo peor que me dejó el episodio desafortunado que acababa de atravesar, sino el horrible sabor amargo que me quedó adentro. Años de viajar por el mundo recibiendo una y otra vez afecto, protección y hospitalidad, especialmente en África, hacen que uno baje la guardia y sus defensas. Por eso, cuando ocasionalmente algo feo ocurre, la decepción se vuelve mucho más intensa.  

Ahora, en estas condiciones, ya efectivamente sobre el final del día, me encuentro fuera de la aldea y de vuelta en la boca de la selva. Con la luz tenue de la poca claridad restante, contemplo el camino que tengo por delante teñido ahora por losfríos azules del crepúsculo. No siento verdadera inquietud. Al fin y al cabo, los 132 km que había hecho para llegar hasta allí habían sido espléndidos y ahora me quedaban nada más que 32 km por pedalear. En ese momento, tan sólo podía suponer que el camino continuaría en la misma condición hasta la base de…