Ir al contenido principal

Infinitamente verde

A final de junio pocos días antes de "la caída" logré escapar una vez más por unos días hacia mi lugar en el mundo y una vez más tuve la suerte de ir con excelente compañía. Fue la primera vez que viajé al altiplano tibetano en los primeros días del verano y temía por el clima, ya que el verano es la época de lluvias. Sin embargo bajamos nuestras bicicletas en Zorge, bajo un sol radiante, en el epicentro de los grasslands de Kham, en la inmensa estepa elevada a 3600+mts de altura.


El espectáculo comenzó ni bien salimos de Zorge en dirección al oeste por una ruta alternativa a la ruta principal, camino a Tangkor; el espectáculo de los grasslands al atardecer es tan bello y pacífico que es difícil de describir. Es como una inmensa alfombra verde que se ha tendido suavemente como si hubiera sido dejada caer desde el cielo cual sábana gigantesca, y al lograr el contacto con la geografía del planeta, fue adaptando su forma a la sucesión infinita de valles y suaves colinas que de a poco se van esfumando en el horizonte. Sobre este bellísimo manto, millares de yaks pastan en paz y silencio a medida que el sol va cayendo y sus rayos van dibujando la profundidad del paisaje.

 En el altiplano tibetano, debido a su gran altura y su alejamiento del oceáno, el frío es un hecho casi permanente. Al poco tiempo de caer el sol, la temperatura baja estrepitosamente y de un agradable día para andar en camiseta se pasa a una noche de frío considerable, aún en pleno verano. Y por la mañana, no es inusual despertar con 0C y los grasslands cubiertos de un fino manto de hielo. Sin embargo, el espectáculo del amanecer en la inmensidad con los destellos del sol haciendo brillar los bloquecitos del hielo derritiéndose, es idílico.


El camino entero es una sobredosis de distintas tonalidades de verde. Al llegar a la cima después de cada subida se avista un nuevo y gigantesco manto que se extiende al infinito, y así, uno tras otro se repiten a lo largo del camino, y la sensación es la de estar pedaleando en el campo de golf más grande del mundo (aunque sé que esta sensación puede cambiar cuando llegue a Mongolia).


  Y una vez más, el valor agregado a semejante belleza natural, lo ponen los tibetanos. Es verano, cuando las pasturas brotan con fuerza y los nómadas se instalan a lo largo y a lo ancho de los grasslands, con sus tiendas negras tejidas usando millones de pelos de los yak que ya los han dejado. A pesar de que su vida nomádica está constantemente amenazada, ellos siguen sonriendo y nos reciben en sus tiendas par darnos refugio, ofrecernos, agua, té, yogur de yak.


 A diferencia de regiones más altas del altiplano donde la vida es más áspera y difícil, en los grasslands todavía se usa mucho a los caballos, tanto como medio de transporte como medio para arrear a los yaks y desplazarlos de una pastura a otra. Tanto mujeres como hombres de todas las edades se encargan de esta tarea, incluso cuando implica llevar a sus nietos a cuestas.


Quizás el peor descubrimiento vino al final del segundo día, cuando luego de haber pedaleado más de 120 km bajo el sol y un muy agradable y engañoso  clima seco y de temperatura perfecta, nos dimos cuenta que habíamos subestimado el poder del sol. Al caer la noche nos encontrábamos completamente insolados; cara, manos y brazos yendo más allá del color rojo, morados e inflamados, casi como si fueran hematomas. El dolor de sentir el fuego salir de la piel no dejaba dormir y ráfagas de escalofríos se sucedían una tras otras impidiendo encontrar una posición para descansar. Pasarían más de dos semanas luego de volver, hasta que la piel comenzara a desinflamarse, caerse y dejar que las ampollas subcutáneas que se habían formado bajo la misma comenzarán a liberar el líquido interno.

Pasando Marthang ya el clima comenzó a desmejorar a medida que íbamos dejando atrás los grasslands y el camino se iba volviendo más estrecho y más alto hasta llegar al estrecho e impactante cañón, que siguiendo el Trosung chu (río) nos conduciría por una extensa y continua, aunque paulatina, bajada de 145km vía Li dzong llegando finalmente a Lungu, desde donde volveríamos a Chengdu.

 Un final que dejó el cuerpo averiado y cansado, pero luego de haber recorrido 465km espectaculares con tan linda compañía, con momentos que desbordaron de belleza, hicieron que todo haya valido la pena.

Comentarios

  1. Nico... gracias!!! es lo primero que me surge cuando veo tus fotos y leo tu blog.... realmente lo siento como un mimo a mi alma... y tambien debo ser sincera me da cierta envidia, por los paisajes y personas que conoces a lo largo de tu travesía... es maravilloso.... infinitas gracias... y seguiré maravillandome con tu trabajo... namaste.Pata (desde Bs Aires)

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

-Ça c'est la guerre! (eso es la guerra) Parte 2

Llegué a Olloba con la intención de descansar pero la bicicleta estaba hecha trizas, y yo también.  Luego de algunas horas de estar tirado boca arriba en un colchón sin ratones, apenaspodía sentir los músculos. A pesar de ello, no me quedó otra que levantarme para trabajar en ella el resto del día si es que esperaba lograr salir de allí algún día. Afortunadamente contaba con la compañía de los aldeanos quienes, curiosos por lo inusual de mi presencia, hacían lo que podían para ayudarme. Los bloques de barro se habían secado, las ruedas ya no giraban, los cambios no funcionaban y los frenos estaban totalmente atascados, debía poner a punto la bici para poder seguir. 

Mi tarea de mecánico se extiende hastaya entrada la noche, cuando ungenerador eléctrico rugía alimentando los parlantes y las lucecitas de colores del único bar de la aldea. Era martes, Jean había finalmente llegado con el nuevo cargamento de cervezas (aunque sospecho que se bebió la mitad de ellas en el camino) y la aldea …

Antes de la guerra

No importa cuánto uno intente prepararse para afrontar imprevistos, nunca es posible prevenirlo todo. Ya habían pasado casi 10.000 km desde que había salido de Ciudad del Cabo y cargaba desde allí con 10 kg extra en repuestos. Por mucho que me pesara, era inevitable porque sabía que hasta Europa no podría encontrar nada de calidad en caso de roturas, por lo que cualquier problema podría fácilmente devenir en pesadilla.  De todos modos, como es habitual, la Ley de Murphy prueba ser infalible y siempre se rompe algo al margen de todo lo que uno puede reemplazar. En este caso, luego de días pedaleando a puro golpes antes de Makokou, noté que mitad del porta-alforjas delantero quedó suelto en el aire. Me había pasado muchas veces que por esfuerzo de corte, debido a impacto y peso, los tornillos se cortaran, pero esta vez lo que se había cortado no era el tornillo sino la pieza de sujeción unida a la horquilla.

La bici-senda más larga del mundo

Corea parece ser consciente de los problemas que está teniendo por exceso de tecnología y una población de adictos al trabajo y para tratar de compensar las nuevas "malas costumbres" emprendieron un proyecto de mega ingeniería que implicó reconfigurar el curso de los cuatro ríos más importantes del país para conectar el país entero a través de varias bici-senda. Esta es una manera también de no sólo hacer un uso exhaustivo de la energía hidraúlica sino también de motivar a la gente a andar en bicicleta brindándoles el espacio necesario para poder hacerlo de modo seguro y profesionalmente. Hoy Corea, aparte de la bici-senda de los Cuatro Ríos, que conecta Incheon con Busan ( de un extremo al otro del país) a lo largo de 700 km, tiene una creciente red de bici-sendas paralelas que conducen a varios puntos del país. Muchas otras están en construcción y la idea es conectar de manera completa todo el país a través de bici carriles. Pensamiento de avanzada como pocos, de este mod…