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Tesoros escondidos


 
Songpan es el nombre con el que los chinos llaman al pueblo tibetano de Zungchu.  Queda a tan sólo 390km al norte de Chengdu y al estar sobre una de las carreteras principales es de fácil acceso. Esto, sumado al gobierno y a libracos como Lonely Planet transformaron a Zungchu en un agujero de turistas, y sus antiguas y encantadoras calles de piedras, encerradas por la muralla original del pueblo son ahora, como en lugares famosos como Lijiang, largas veredas de negocios de souvenirs sin valor alguno. 

   Pero al margen de ser ahora uno más, dentro de los lugares arruinados por el turismo, lo importante es que como en la mayoría de estos casos, esto se limita a una pequeña porción muy localizada, dejando el resto en su belleza intacta, libre para los que escapamos a los lugares conocidos y buscamos el encuentro con lo vernáculo. Decenas de pequeños pueblos se encuentran a lo largo del camino, antes y después de Zungchu donde se preservan costumbres tradicionales y se respira el aire rural de la vida de los tibetanos, en esta región, que a un promedio de 2800mts de altura, está en el cordón más bajo del altiplano tibetano, posando entre valles abiertos y montañas relativamente bajas, aunque lo suficientemente alto como para recuperar el cielo azul que el industrialismo chino le ha robado a sus ciudades.
Monté la bicicleta en un bus en Chengdu a las 9am y a las 16hs estaba bajo el cielo azul de Zungchu. Ya que quedaban aún algunas horas de luz salí inmediatamente del pueblo y a los 10km ya pedaleaba por pueblos bañados en luz dorada y gente caminando con sus vacas por la ruta.   


Como suele suceder en estos casos, conocí una hermosa familia con la que me quedé a comer. Al estar estos pueblos sobre una ruta importante y al estar tan cerca de la China han, es más fácil comunicarse ya que muchos de ellos hablan bastante chino.

Los tibetanos de estos pueblos hablan, como es el caso de cada región en el Tibet, su propio dialecto y viste atuendos y arreglos específicos de esta zona, diferente incluso al de otros pueblos y ciudades del mismo condado, Ngawa.  Las mujeres visten de negro y llevan el cabello trenzado con un arreglo en la cabeza colorido y llamativo.

 Al día siguiente temprano, en una mañana fría y nublada, emprendí la vuelta a Chengdu, que si bien es principalmente en bajada no dejan de ser casi 400km de montaña y hacerlos en 2 días requiere de cierta preparación y esfuerzo.

A lo largo del camino fui encontrando y parando en más pueblos como los del día de ayer. Lo importante al ver estos pueblos, que son prácticamente 100% tibetanos, es no dejarse engañar por las banderas chinas flameando en los techos de las casas. Esto es casi sin excepción, una obligación impuesta por los caudillos han locales y la policía. Pero basta con que estos se vayan del pueblo para que inmediatamente las bajen.
Aún estando a relativamente baja altitud, a la primavera le cuesta encender y en la primera semana de abril aún el color predominante es el marrón, acentuado por una vegetación aún apagada y sin siquiera capullos asomando. A lo largo del día el clima fue mejorando y alcanzó su mejor punto al encontrar un lugar inesperado, el pueblito de Shawan al borde de un gran lago verde esmeralda encajonado entre varias montañas circundantes. Y la mayor sorpresa fue encontrar un camino de piedras, abandonado (al haber sido reemplazado por un túnel) que secretamente bordea una montaña cuyo precipicio deriva en otro enorme lago, y al final del mismo, un escenario fabuloso.

Luego de disfrutar semejante espectáculo de color alcancé el primer gran descenso, que viniendo en dirección contraria hubiera sido un gran ascenso. Buena elección la mía. El caracol de bajada se extendió por varios kilómetros hasta perder varios metros de altitud.


Y es impresionante, luego de perder esta altitud clave, como se transformaron el clima y la calidad del cielo. Al ya estar bastante debajo de los 2000mts, toda la masa nebulosa que afecta casi permanentemente a la cuenca de Sichuan, empeza a invadir los cielos y cubrir las montañas de ciudades como Maoxian 茂县, que han sido ampliamente reconstruidas luego de la castástrofe de 2008. Allí pasé la noche


Al día siguiente continué por la ruta que ya había hecho varias veces y que cada una de las veces disfruté menos y menos. La ruta pasa por el epicentro del terremoto de mayo de 2008, la mayoría de los pueblos sigue en permanentemente reconstrucción, y a pesar de la belleza increíble de toda la región, el tráfico de camiones y buses se incrementa más y más hasta hacer pico en los alrededores de Wenchuan, esto lo vuelve casi insoportable para la bicicleta. El ruido, los estruendos de bocinas, el polvo en el aire por la construcción, la angostura del camino y lo peor y más peligroso de todo, la enorme cantidad de túneles de 1 a 5 km de longitud que uno tiene que atravesar.


Los túneles en sí mismos no deberían representar una seria amenaza con la salvedad de que en toda esta región, muchos han tenido que ser reconstruidos, muchos están recién terminados y muchos aún están en muy malas condiciones. Por todos estos factores y quién sabe por qué más, los túneles no están iluminados por dentro. Ahora, si imaginarse pedalear 4 km dentro de un túnel sin luz en la oscuridad más enceguecedora imaginable, con una bicicleta prácticamente sin luz alguna, con el rugir de camiones acercándose sin ver nada más que negro alrededor y sentir el retumbar y vibrar de sus motores en el vacío del desesperante agujero negro donde uno se encuentra, es aterrador, peor aún es el mismísimo hecho de estar pedaleando allí adentro. Cada túnel es una experiencia aterradora por decir poco, un estrés sin igual recorre el cuerpo mientras el corazón late del miedo y la mente trata de no pensar para salir lo antes posible. Sin duda es la cosa más espantosa y peligrosa que he hecho por los caminos del mundo y no una vez sino muchas y repetidas veces, a fuerza de obligación ya que virtualmente no hay alternativa debido a que los caminos laterales de los túneles están muy rotos para caminarlos y muy pocas camionetas pasan como para poder hacer auto-stop . Para hacer las cosas aún más irrisoriamente peligrosas, los conductores chinos tienen la demoníaca y criminal costumbre de adelantarse dentro de los túneles a velocidades brutales. El sentimiento que me provoca esto, incluso al escribirlo, mientras los escalofríos  por el recuerdo de aquellos momentos me recorren el cuerpo, y la ira desenfrenada que me desata al pensarlo, van más allá de lo que puedo expresar en palabras.

Ya pasado Wenchuan 汶川, llegando a Dujiangyan 都江堰 y dentro de la cuenca de Sichuan, el clima vuelve a la normalidad diaria de la capa de nubes y polución permanentes vedando todo vestigio de color del cielo a los ojos de quienes vivimos acá.

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