Ir al contenido principal

La Rioja 2005 - Tamices coloridos


Los Andes riojanos, un manto de colores Posted by Picasa

La expedición arrancó en uno de los tantos pueblitos que hay en estos valles, de construcciones modestas, calles llenas de polvo y de vida lenta y calmada. El camino en 4x4 te lleva bien adentro hacia las montañas, uno realmente cree que ya nada lo va a soprender tanto. Pero luego de unas decenas de kilómetros de camino de ripio y cráteres te encontrás sumergido en un lugar absolutamente fascinante donde se circula por un valle estrecho rodeado de montañas gigantes y marrones oscuro, pero hasta ahí serían sólo montañas. A diferencia de cualquier otro lugar montañoso, estas de aquí fueron formadas y asomadas a la superficie por el violento choque de las placas continentales hace millones de años. El resultado es que las mismas son corteza terrestre asomada a la superificie. Tal como si uno pisara el borde de una torta de rogel el otro lado asomara mostrando toda la corteza. Es algo realmente impresionante, creo que la similitud más acertada es que uno está recorriendo un camino rodeado de chocolates en rama. Toda esta corteza de infinitas capaz y relieve rugoso y aserruchado rompe de manera oblicua contra la tierra el paisaje se transforma en miles de millones de diagonales marcadas clabadas contra el piso.
La 4x4, conducida con la gran destreza de nuestro guía, va atravesando arroyos, bados, rios, caminos destrozados y en contra de vientos fuertísimos que intentan detenerla.
Siempre en sentido ascendente, sin parar, el viento se hace cada vez más y más fuerte y empeizan a aparecer los colores en las montañas. Es difícil describir un paisaje que es muy poco frencuente, pero uno se encuentra en él y es estar rodeado de tamices de infinitos colores que forman una suerte de psicodelia gestada por la naturaleza que estimulan la retina.
Nunca hubiera creído ver montañas violetas y verdes, y cuando digo verdes no me refiero a la vegetación sino a tierra, literalmente verde, con diferentes gamas, y a estos le siguen los violáceos, los azules, los negros intensos, los amarillos, los naranjas. La parafernalia de colores es alucinógena, pero esto no tiene que ver con efectos químicos en el cerebro sino con el simple producto de minerales de la naturaleza. Estos minerales de infinitas variedades se encuentran todos en esta tierra y debido a la acción de millones de años, de vientos y de nieves que se derrite sale a la superficie y empieza a despearramarse y entremezclarse tal como un pintor en su paleta empieza con un pincel a mezclar sin prolijidad alguna los colores de sus témperas. Es por eso que la magia de estos polvos de colores no tiene un límite definido sino que se entremezclan en infinitas combinaciones de tonalidades y le dan al lugar esta sensación de manto de terciopelo deslizado sobre montañas que le dan forma.
El camino sigue y sigue hacia arriba gracias a nuestro eximio conductor que trepa con una destreza única y que trata de contener el bamboleo, la rotación y el vuelco que intenta provocar el viento que con ráfagas descontroladas ataca al azar desde todos lados. Descender de la 4x4 implica colgarse de la puerta literalmente para que el vehículo no la pierda por las ráfagas del viento. Cada descenso es duro por las condiciones de semejante lugar inóspito y esta dureza se va a haciendo cada vez peor a medida que se sube más y más alto. En el último descenso del vehículo a los 4400 mts de altura en medio de un llano rodeado por estas montañas de colores, yace una laguna plateada y semicongelada, donde los vientos gélidos y de una violencia poco común hacen perder los sentidos en todas las extremidades al descubierto, mientras los oídos parecen ser perforados por agujas y los ojos sueltan lágrimas de frío y el cuerpo tal como un árbol que intenta sujetarse al piso intenta evitar volar por el aire. Uno puede alcanzar un ángulo de hasta 35 o 40 grados con el piso y el viento te sostiene sin dejarte caer. Por el contrario si uno se inclina para atrás siemplemente se rompe los huesos contra el piso y sale rodando. Esto hace que el tiempo de permanencia debido a la altura que ahoga y a los vientos de entre 180 y 200 km/h y una temperatura de -15ºC sea de unos pocos minutos.
Es un lugar simplemente alucinante, los mantos de colores, los pastos fluorescentes, las rocas peladas que asoman, los contrastes cromáticos que producen, los pocos animales que viven en este espacio, el clima áspero.
Esto es único en el mundo e inigualable.....nunca he visto algo así antes en todo el planeta.

Uds. están acostumbrados a que les escriba así desde los lugares más "exóticos" y "extraños" del planeta. Pero ahora, saben de qué lugar les estoy escribiendo?????
Desde LA RIOJA, ARGENTINA !!!
La expidición arranca en villa unión, pero empieza prácticamente en El jague, un pueblito de ranchitos de adobe y de una extrema pobreza rural, donde viven 400 personas, al pie de los Andes. El lugar que se recorre por unas 9 horas es la reserva Laguna Brava y es todo el sector de los Andes riojanos que limitan con Chile. Luego de haber estado en semejante belleza natural e indescriptible como es Talampaya, creíamos que nada iba a superarlo, pero definitivamente esto no sólo lo supera sino que lo hace de los lugares más fantásticos que hay en el planeta. Es un recorrido donde durante no más que 10 minutos uno ve las mismas cosas. Creo que si recorrer Talampaya es como andar por marte, recorrer laguna brava creo que debe ser lo más parecido a andar por Júpiter, no sólo por lo descripto sino por la soledad total y la ausencia de nadie más que los que la recorren en una única 4x4.

Hasta unos jujeños de nada más ni nada menos que Purmamarca, nos habían dicho antes que esto era inigualable. Los colores de Purmamarca al lado de la inmensidad y el colorido de este lugar quedan reducidos a blanco y negro.

Bueno, Nos veremos pronto

salutes
nico

Comentarios

Entradas más populares de este blog

-Ça c'est la guerre! (eso es la guerra) Parte 2

Llegué a Olloba con la intención de descansar pero la bicicleta estaba hecha trizas, y yo también.  Luego de algunas horas de estar tirado boca arriba en un colchón sin ratones, apenaspodía sentir los músculos. A pesar de ello, no me quedó otra que levantarme para trabajar en ella el resto del día si es que esperaba lograr salir de allí algún día. Afortunadamente contaba con la compañía de los aldeanos quienes, curiosos por lo inusual de mi presencia, hacían lo que podían para ayudarme. Los bloques de barro se habían secado, las ruedas ya no giraban, los cambios no funcionaban y los frenos estaban totalmente atascados, debía poner a punto la bici para poder seguir. 

Mi tarea de mecánico se extiende hastaya entrada la noche, cuando ungenerador eléctrico rugía alimentando los parlantes y las lucecitas de colores del único bar de la aldea. Era martes, Jean había finalmente llegado con el nuevo cargamento de cervezas (aunque sospecho que se bebió la mitad de ellas en el camino) y la aldea …

Cuando no todo sale bien

Uno de los días más excepcionales de mi vida entera estaba llegando a su fin. Ese tipo de días que son magníficos porque ofrecen todo lo que uno se imagina pero, aún más importante,  todo lo que uno jamás hubiera podido imaginar. Cuando el mundo supera todas tus expectativas, lo que deviene es la plenitud, y en ese estado, con una sonrisa dibujada de oreja a oreja, llego al único y último pueblo selva adentro, antes de la base de WCS  hacia donde me dirijo. Tengo entendido que es aquí donde debo sellar mi pasaporte para dejar el país al día siguiente. 

Todo parece tranquilo en este pequeño y remoto pueblo de pigmeos y bantúes a orillas del Sangha, donde es imposible distinguir una choza de un posible puesto de migraciones. Hasta allí, llegaré empujando la bicicleta por senderos de barro descendiendo al río, guiado por un pigmeo simpático que entendió hacia dónde tenía que ir. Una vez allí, lo que usualmente debería ser una sencilla formalidad, se transformó en algo también inesperado,…

Antes de la guerra

No importa cuánto uno intente prepararse para afrontar imprevistos, nunca es posible prevenirlo todo. Ya habían pasado casi 10.000 km desde que había salido de Ciudad del Cabo y cargaba desde allí con 10 kg extra en repuestos. Por mucho que me pesara, era inevitable porque sabía que hasta Europa no podría encontrar nada de calidad en caso de roturas, por lo que cualquier problema podría fácilmente devenir en pesadilla.  De todos modos, como es habitual, la Ley de Murphy prueba ser infalible y siempre se rompe algo al margen de todo lo que uno puede reemplazar. En este caso, luego de días pedaleando a puro golpes antes de Makokou, noté que mitad del porta-alforjas delantero quedó suelto en el aire. Me había pasado muchas veces que por esfuerzo de corte, debido a impacto y peso, los tornillos se cortaran, pero esta vez lo que se había cortado no era el tornillo sino la pieza de sujeción unida a la horquilla.